La serie «Habitación 402»: relato por entregas
Relato de ficción, original de la redacción. Un hotel de paso, una habitación que siempre queda libre a la misma hora, y dos personas que nunca se han visto la cara a la luz del día.
Relato de ficción, original de la redacción de LOVERS.CL. Primer capítulo de una serie por entregas.
La llave de la 402 siempre está en el mismo cajón, detrás del mostrador, y el conserje del turno de tarde ya no pregunta el nombre. Son las seis y cuarto de un martes cualquiera, y ella llega primero, como siempre, con el pelo todavía húmedo de la ducha de la oficina y un abrigo demasiado grueso para la estación.
El ritual de las seis y cuarto
Sube por la escalera, no por el ascensor —dice que el espejo del ascensor la pone nerviosa, aunque nunca ha explicado del todo por qué—. La 402 da al patio interior, lejos de la calle, y eso también es parte del ritual: nadie la ve entrar, nadie la ve salir. La cama está hecha con esa precisión hotelera que ella deshace en los primeros cinco minutos, antes de que él llegue, como si necesitara que el cuarto dejara de parecer de nadie antes de que empezara a ser de los dos.
Él llega siempre siete minutos después. Nunca seis, nunca ocho. Ella dejó de preguntarse por qué hace ya varias semanas —hay preguntas que, en la 402, simplemente no se hacen—.
Lo que no se dice
No se conocen los apellidos. No se han visto de día, con luz real, sin el filtro ámbar de la lámpara del velador que es la única que encienden. No saben, o prefieren no saber, si alguno de los dos tiene a alguien esperando en una casa con la calefacción puesta y la cena servida. La 402 tiene esa regla no escrita: lo que entra por esa puerta se queda ahí, sin nombre completo, sin pasado verificable, sin promesa de mañana.
Esta noche, sin embargo, algo cambia. Él llega con las manos vacías —siempre trae algo, un vino, una fruta, algún gesto pequeño— y por primera vez en las nueve semanas que llevan viniendo a la 402, dice una frase que no estaba en el guion tácito que habían construido sin hablarlo nunca: "Necesito preguntarte algo que no tiene que ver con esta pieza."
Continuará.
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