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El motel de la calle de siempre
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El motel de la calle de siempre

Ochocientos locales, una entrada sin mirarse a los ojos y un peak a la hora de colación. Retrato de la institución más chilena del deseo.

Por Equipo Editorial Lovers · 27 jul 2026 · 7 min de lectura

Todos sabemos dónde está. En cada ciudad de Chile hay una avenida con esa fila de letreros discretos y luminosos a la vez, con nombres que juegan a ser exóticos —un volcán, una isla, una diosa— y una entrada diseñada con un solo propósito arquitectónico: que nadie se mire a los ojos.

Se pasa por ahí toda la vida y no se habla de eso. Es probablemente la institución más usada y menos nombrada del país.

El tamaño de lo que no se cuenta

Los números existen y son grandes. Un estudio de la aplicación MotelNow, citado por BioBioChile, calculó más de ochocientos moteles en Chile, con cerca de trescientos en Santiago y unos cincuenta en Valparaíso. El SII registró 1.558 inicios de actividades del rubro entre 2018 y 2022, señal de una expansión que no se detuvo.

El SERNAC, en un reporte de febrero de 2024, contó 122 moteles en la Región Metropolitana, 31 en Valparaíso, 23 en Biobío y 15 en La Araucanía. Es un negocio con presencia nacional, capital invertido y contabilidad formal, que sin embargo funciona en un espacio cultural donde nada tiene nombre propio.

Quién entra y a qué hora

Acá el retrato se pone interesante, porque contradice el estereotipo.

Los datos de MotelNow indican que las mujeres hacen el 55% de las reservas anticipadas y los hombres deciden el 60% de las visitas espontáneas. Es decir: ellas planifican, ellos improvisan. Para las mujeres la prioridad número uno es la higiene —más del 70% la menciona primero—, seguida de la privacidad. Para los hombres pesan la cercanía, el precio y el ambiente.

Y hay un dato que descoloca a cualquiera que imagine el motel como asunto nocturno: además del peak obvio de viernes y sábado, existe un alza notoria en el horario de colación, entre la una y las dos y media de la tarde. Hay una vida entera ocurriendo en el intervalo del almuerzo.

Ellas reservan, ellos improvisan. Y hay un peak entre la una y las dos y media de la tarde que nadie comenta.

La parte que conviene saber antes de entrar

Que sea una institución no significa que sea un territorio sin reglas. El reporte del SERNAC registró 77 reclamos sobre 63 moteles entre 2020 y 2023. La distribución dice bastante: 32,4% por higiene deficiente, 29,9% por temas comerciales y 22,1% por calidad de servicio. Y un dato que habla de la cultura del rubro: el 66,2% de los proveedores no respondió los reclamos.

El mismo organismo detectó malas prácticas concretas y frecuentes: retención de la cédula de identidad, propinas presentadas como obligatorias y no emisión de boleta. Ninguna de las tres corresponde. Nadie puede quedarse con tu carné, la propina es voluntaria por definición y la boleta es un derecho del consumidor, incluso —sobre todo— en un negocio donde nadie quiere pedir nada por escrito.

El silencio que rodea al rubro es exactamente lo que permite que esas prácticas sobrevivan. Es difícil reclamar por algo que uno prefiere no haber hecho constar.

Lo que el motel resuelve

Hay una lectura fácil que lo asocia solo a la infidelidad. Los datos no la respaldan del todo: el estudio de GfK encontró que apenas el 6% de los chilenos declara tener relaciones en moteles, contra un 83% que las tiene en la cama de su casa. Es un porcentaje pequeño para un negocio de ochocientos locales, lo que sugiere que la declaración no coincide del todo con la práctica.

Y hay una función menos novelesca y probablemente más masiva. En un país donde el 21,8% de los hogares es unipersonal pero donde también se convive con hijos, con padres y con arriendos compartidos, el motel resuelve un problema logístico antes que moral: dónde tener privacidad cuando la casa no la ofrece.

Para una pareja con dos niños chicos y paredes delgadas, tres horas en un lugar donde nadie golpea la puerta no es una aventura clandestina. Es la única manera de tener una conversación sin interrupciones y todo lo que venga después.

La calle de siempre

Uno pasa por esa avenida a distintas edades y significa cosas distintas cada vez. A los diecisiete es un misterio con nombre. A los veinticinco es la solución obvia. A los cuarenta, con hijos durmiendo en la pieza del lado, vuelve a ser la solución obvia por razones completamente distintas.

Los letreros son los mismos. El que cambió fuiste tú.

Chile tiene una institución sin nombre, con ochocientas sucursales y una historia que no está escrita en ninguna parte. Eso también dice algo del país.

Fuentes

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