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El piropo chileno: auge, caída y lo que lo reemplazó
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El piropo chileno: auge, caída y lo que lo reemplazó

Hubo una época en que el piropo se defendía como folclor. Una encuesta, un movimiento y una ley después, el país entero cambió de opinión. Qué quedó en su lugar.

Por Equipo Editorial Lovers · 5 ago 2026 · 6 min de lectura

Durante buena parte del siglo veinte, el piropo tuvo estatus de patrimonio nacional informal. Se enseñaba por imitación, se celebraba en las sobremesas y hasta se defendía en televisión como una gentileza criolla. El que lanzaba un buen piropo era ingenioso; la que se molestaba, exagerada. Así funcionó por décadas, hasta que alguien hizo la pregunta que nadie había hecho en serio: ¿y a quienes los reciben, qué les parece?

La cifra que cambió la conversación

La respuesta llegó en 2014, cuando el Observatorio Contra el Acoso Callejero — una organización que había nacido meses antes en redes sociales — publicó su primera encuesta nacional: tres de cada cuatro mujeres declaraban haber sufrido alguna forma de acoso en la calle durante el último año, y más del 80% de los encuestados, hombres incluidos, creía que estas prácticas debían sancionarse por ley. El "folclor" resultó ser, medido, una molestia masiva que la mitad del país llevaba aguantando en silencio.

Lo interesante para la historia cultural es la velocidad del giro. En 2014 el tema daba para panel de matinal con opiniones divididas. En 2019 ya era la ley de respeto callejero, que sancionó desde el comentario sexual agresivo hasta la persecución y el registro no consentido. Y después de la pandemia, las denuncias se multiplicaron por cuatro — no porque hubiera más acoso que antes, sino porque por primera vez existía dónde y cómo denunciarlo.

El matiz que casi nadie cuenta

Acá viene el detalle fino: la ley chilena no sancionó el piropo amable. El "qué elegante anda hoy" dicho sin persecución ni connotación agresiva quedó fuera del código penal. Lo que murió no fue la palabra bonita: fue la impunidad del resto — el jadeo, el comentario anatómico, el auto que sigue a la que camina. La frontera quedó dibujada donde siempre debió estar: en si la otra persona lo pidió o no.

Lo que lo reemplazó

¿Y entonces dónde se fue el galanteo? No desapareció: cambió de cancha y de reglas. Se fue a los espacios donde hay contexto y consentimiento — la conversación de bar, el match que los dos aceptaron, el comentario en la fiesta donde existe la posibilidad de respuesta y de rechazo sin riesgo. El elogio sobrevivió; lo que se extinguió fue el formato de emboscada, ese que se gritaba desde un andamio precisamente porque no esperaba respuesta.

Hay quien lee esta historia como una pérdida de espontaneidad. Los datos sugieren otra lectura: una transferencia de poder. El viejo piropo era unilateral por diseño — lo definía completo el emisor. El galanteo que lo reemplazó exige algo más difícil y más interesante: leer a la otra persona, elegir el momento, aceptar que la respuesta puede ser no. Es decir, exactamente las habilidades que esta revista lleva veintitrés artículos celebrando.

El test de la década

Si te quedó la duda de en qué lado de la historia está una frase, el test es corto: ¿se la dirías igual a alguien que puede contestarte, mirarte y recordarte? ¿La dirías con tu nombre y apellido? El piropo que sobrevive a esas dos preguntas nunca estuvo en peligro. El otro ya tiene su lugar en el museo, junto al cigarro en el ascensor y otras costumbres que también parecían eternas.

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