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Lo que no nos enseñaron: la generación que aprendió sola
Cuerpo & Confianza › La deuda pendiente

Lo que no nos enseñaron: la generación que aprendió sola

Chile llegó último entre 17 países latinoamericanos en cumplir los compromisos de educación sexual integral. Una generación entera aprendió de internet, de amigos y de prueba y error lo que debió enseñarse en la escuela.

Por Equipo Editorial Lovers · 11 ago 2026 · 6 min de lectura

Hay una estadística que resume mejor que cualquier anécdota la magnitud del problema: en una comparación entre 17 países latinoamericanos sobre cumplimiento de compromisos de educación sexual integral, mientras el promedio regional alcanzó un 69%, Chile llegó último con apenas un 39%.

Una deuda con nombre y apellido

El diagnóstico no es ambiguo: existe una deuda intersectorial en educación sexual que niega a niños, niñas y adolescentes el acceso a información, apoyo y herramientas para conocer y ejercer sus derechos sexuales y reproductivos. La Ley 20.418, de 2010, estableció la obligatoriedad de la educación sexual escolar, pero solo para enseñanza media —dejando fuera años formativos completos donde ya circulan preguntas que nadie responde con rigor.

El impacto no se reparte por igual. Entre jóvenes de nivel socioeconómico bajo y medio, entre un 30% y un 35% ya son padres o madres; en los niveles socioeconómicos más altos, esa cifra baja a un 13%. La falta de información no afecta a todos por igual: golpea más fuerte donde hay menos redes de apoyo para compensarla.

Lo que queda cuando la escuela no enseña

Frente a ese vacío, una generación entera construyó su propia educación sexual con las herramientas que tuvo a mano: internet, conversaciones entre amigos, prueba y error, y en el mejor de los casos, algún adulto dispuesto a hablar con honestidad. El resultado es un conocimiento desigual, lleno de mitos junto a información real, sin ningún filtro de calidad.

Por qué esto no es un tema del pasado

La deuda no se cerró: sigue generando adultos que llegan a los 25, 35 o 45 años con vacíos básicos que les da vergüenza nombrar. Reconocerlo no es un ejercicio de nostalgia ni de queja: es el primer paso para llenar, ahora, la información que debió llegar mucho antes.

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