La masculinidad que aprendimos y la que se está reescribiendo
Un 54% de los hombres chilenos dice que ser hombre hoy es más difícil que antes. Al mismo tiempo, el 89% cree importante poder mostrar lo que siente. La foto completa es más matizada de lo que sugiere cualquier titular.
La conversación sobre masculinidad en Chile suele reducirse a titulares polarizados, pero la encuesta ICSO-UDP de 2025, hecha por IPSOS con hombres y mujeres adultos del país, muestra un panorama bastante más matizado que cualquier bando.
La incomodidad es real
Un 54% de los hombres encuestados opina que ser hombre hoy es más difícil que en el pasado, frente a solo un 38% de las mujeres que comparte esa percepción. La brecha es informativa: hay una sensación masculina de incertidumbre que no está siendo completamente vista desde afuera. Un 68% de los hombres —con mayor intensidad entre los más jóvenes— declara que le resulta difícil saber cómo actuar con las mujeres, por miedo a ser malinterpretado.
Y también el cambio es real
Al mismo tiempo, las cifras muestran una apertura que contradice el estereotipo del hombre chileno inamovible: un 89% cree importante que los hombres puedan mostrar lo que sienten, y un 80% rechaza directamente la idea de que ir a terapia sea señal de debilidad. Un 67% prefiere una sociedad con igualdad de responsabilidades entre hombres y mujeres.
La palabra que más se repitió al describir "cómo son los hombres hoy en Chile" —tanto entre hombres como entre mujeres— fue "machistas", seguida de "trabajadores". Esa es la etiqueta pública. Las cifras de apertura emocional y terapia sugieren una realidad interna distinta a la etiqueta.
Conviviendo con la contradicción
Un 26% de los encuestados todavía valora aspectos del rol masculino tradicional, mientras la mayoría avanza hacia otro modelo. Esto no describe una masculinidad "arreglada" ni una "en crisis" de forma simple: describe una transición real, con hombres que sostienen valores viejos y nuevos al mismo tiempo, muchas veces dentro de la misma persona. Nombrar esa incomodidad —sin usarla como excusa, pero también sin negarla— parece ser, según los propios datos, el terreno donde efectivamente se está moviendo algo.
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