¿Es normal que el deseo suba y baje por temporadas?
La mitad de las chilenas reporta baja de libido y casi nadie sabe que la cifra es esa. La respuesta corta es sí, es normal. La larga explica cuándo dejarlo de considerar normal.
La pregunta llega en tono de confesión, como si fuera una falla de fábrica: "llevamos unas semanas en que simplemente no tengo ganas. ¿Me estoy apagando?". Empecemos por sacarle el drama con el dato local: en la encuesta Miintimidad 2024, más de la mitad de las chilenas — un 52,4% — reportó disminución de la libido. Si fuera una falla, sería la falla más normal del país.
El deseo es clima, no termostato
La expectativa de un deseo parejo, disponible todo el año a la misma temperatura, es un invento reciente — y bastante comercial. El deseo real se comporta como el clima: tiene estaciones, frentes de mal tiempo y primaveras que llegan sin aviso. Se mueve con el estrés y el sueño — sus dos depredadores principales —, con la salud, los medicamentos, los duelos, las pegas intensas, los hijos chicos y hasta con el invierno.
En pareja, además, rara vez los climas de los dos están sincronizados. Que uno esté en temporada baja mientras el otro no, no es incompatibilidad: es estadística pura. El problema casi nunca es la diferencia — es el silencio con que se administra.
Lo que sí ayuda en temporada baja
Uno: nombrarla. "Estoy en una semana de batería baja, no es contigo" son diez palabras que evitan diez malentendidos. Dos: no cerrar el resto del catálogo — el afecto físico sin agenda (el beso largo, la mano, el after de sofá) mantiene el puente abierto para cuando el clima mejore; cortarlo todo por miedo a "dar señales falsas" es como desconectar la calefacción porque no es verano. Tres: cuidar lo básico con honestidad brutal: dormir y bajar el estrés mueven más el deseo que cualquier truco de esta revista.
Cuándo deja de ser temporada
Hay señales de que el asunto pide más que paciencia: cuando la baja lleva muchos meses y ya no se conecta con nada identificable, cuando viene con ánimo por el suelo en todo lo demás, cuando coincide con un medicamento nuevo, o cuando duele — físicamente — y por eso se evita. Ahí la visita es a un profesional de salud, no al buscador. No porque sea grave: porque suele tener solución concreta, y cada mes de silencio es un mes perdido.
Lo demás — las semanas flojas, los meses de mudanza, el invierno del deseo — es el clima haciendo lo suyo. Las parejas que llegan lejos no son las que viven en verano permanente: son las que aprendieron a no pelearse con la lluvia.
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