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IA en el coqueteo: quién le pide ayuda al chatbot
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IA en el coqueteo: quién le pide ayuda al chatbot

La mitad de los adultos entre 35 y 44 años ya coqueteó con un chatbot. Uno de cada cuatro solteros usa IA para mejorar su perfil o sus mensajes. El fenómeno tiene nombre, cifras y una polémica instalada.

Por Equipo Editorial Lovers · 10 ago 2026 · 7 min de lectura

La inteligencia artificial se instaló como intermediaria emocional sin que nadie lo anunciara oficialmente. Según un estudio de Infobip, el 50% de los adultos entre 35 y 44 años ya coqueteó con un chatbot de inteligencia artificial, ya sea para practicar una conversación, procesar una ruptura o simplemente acompañar un momento de soledad. En Estados Unidos, casi el 20% de los encuestados admite haber mantenido conversaciones coquetas directamente con un chatbot.

El coach invisible de las apps

Un estudio de junio de 2025 realizado por Match.com y el Instituto Kinsey encontró que uno de cada cuatro solteros —y casi la mitad de los encuestados de la Generación Z— usa inteligencia artificial para mejorar sus perfiles de citas o redactar sus conversaciones. No se trata de reemplazar a la persona: se trata de un apoyo silencioso para el mensaje que cuesta escribir, la foto que no se sabe elegir, la respuesta ingeniosa que no llega a tiempo.

La incomodidad que genera

El uso no está exento de polémica. Alrededor del 60% de los encuestados de la Generación Z expresó inquietud ante el uso de IA para escribir mensajes, sugerir coincidencias o retocar fotos de perfil, y la mitad de los encuestados considera que la inteligencia artificial terminará empeorando la capacidad de las personas para formar relaciones significativas. La contradicción es real: se usa la herramienta y, al mismo tiempo, se desconfía de ella.

El fenómeno más discutido tiene nombre propio: chatfishing, una variante del catfishing tradicional donde se recurre a modelos de IA generativa para simular empatía, elocuencia o interés romántico, construyendo una conexión sobre texto que en realidad no salió de la otra persona.

Dónde está el límite razonable

La diferencia entre "usar una herramienta" y "hacer trampa emocional" no está en la tecnología, está en la transparencia. Pedirle ayuda a un chatbot para redactar mejor un mensaje que uno mismo va a sostener en la conversación real es distinto a delegarle la conversación entera y hacerse pasar por más ingenioso, más disponible o más interesado de lo que se es. La IA puede pulir la forma. El contenido —lo que realmente se siente— sigue siendo trabajo humano, y notarlo cuando no lo es se ha vuelto, según las mismas cifras, una preocupación compartida por buena parte de quienes están citando hoy.

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